La secuencia de operaciones para la hidratación

Aplicar los productos en el orden incorrecto a menudo provoca que se formen bolitas o que la fórmula no se absorba eficazmente. Cuando se trata de piel seca, el objetivo principal es la entrega de hidratación seguida del sellado de esa humedad en la barrera cutánea. Comprender la viscosidad de tus productos es la forma más fiable de determinar su lugar en tu secuencia.

La aplicación correcta en capas es una cuestión de física y peso molecular. Las cremas más densas están formuladas para permanecer en la superficie, mientras que los sérums más ligeros y finos están diseñados para penetrar. Si inviertes este orden, la crema actúa como una barrera, impidiendo que el sérum llegue a la piel.

  1. Comienza con un lienzo limpio. Limpia tu piel a fondo para eliminar impurezas y aceites. Usa agua tibia para evitar eliminar más aceites naturales de tu piel. Seca tu piel con toques hasta que esté ligeramente húmeda, pero no empapada.
  2. Aplica tu sérum más ligero. Dispensa tres o cuatro gotas de tu sérum a base de agua en las palmas de tus manos. Presiona el sérum sobre tu piel con las manos planas, en lugar de frotar. Deja que el producto se asiente durante un minuto completo para asegurarte de que se ha absorbido por completo antes de continuar.
  3. Aplica tu crema densa. Toma una cantidad del tamaño de una moneda de un euro de tu crema más densa y caliéntala entre las yemas de tus dedos. Distribúyela en pequeños puntos por la frente, las mejillas y el mentón. Difumina hacia afuera usando movimientos suaves y largos para crear una capa oclusiva uniforme sobre el sérum.
  4. Deja que se asiente por completo. Deja la superficie sin tocar durante dos minutos. Evita tocarte la cara durante este tiempo. Esta pausa permite que los emolientes de la crema se estabilicen sobre la capa a base de agua, evitando que se formen bolitas.
De lo ligero a lo denso es la única regla que necesitas recordar para una secuencia de cuidado de la piel exitosa.